La piscicultura en Brasil concluyó el 2025 con señales de fortalecimiento estructural, pese a un contexto marcado por volatilidad de precios, desafíos regulatorios y ajustes en el comercio internacional. El sector logró sostener su competitividad y ampliar el consumo interno, sentando bases más firmes para el crecimiento en 2026, según indicaron los analistas de Seafood Brasil. Durante el año se observó una dinámica diferenciada entre semestres. En la primera mitad, una mayor oferta presionó los precios a la baja, mientras que en la segunda parte del año la recuperación de la demanda permitió una mejora progresiva de los valores pagados al productor, aunque con cierta demora en su traslado al mercado final. Aun así, el balance anual fue considerado positivo por la industria. Uno de los factores que contribuyó a este desempeño fue el mayor acceso del pescado de cultivo al mercado doméstico, impulsado por precios más competitivos y por cambios en el marco tributario que incorporaron al pescado de cultivo en la canasta básica. Este escenario favoreció la incorporación de nuevos consumidores y consolidó a la tilapia como la principal especie de la piscicultura nacional, en línea con la tendencia hacia proteínas de perfil más saludable. En el frente externo, las medidas arancelarias aplicadas por Estados Unidos obligaron a redireccionar parte de los volúmenes exportables al mercado interno. Si bien las exportaciones representan una proporción reducida de la producción total, el ajuste tuvo impacto en empresas con mayor exposición internacional. No obstante, la cadena logró reacomodarse sin generar desequilibrios significativos en el abastecimiento ni en los precios. Indicadores de mercado mostraron que los valores de la tilapia mantuvieron una trayectoria de recuperación, reflejando que la oferta interna aún no alcanza niveles de excedente estructural. El sector también siguió de cerca debates regulatorios relevantes, como la eventual clasificación de la tilapia como especie invasora, cuya definición fue postergada para 2026, así como el incremento de importaciones de pescado desde Vietnam, un tema que genera preocupación por posibles asimetrías sanitarias, regulatorias y competitivas. De cara a 2026, la agenda de la piscicultura brasileña prioriza la competitividad, con foco en la ampliación de mercados, la reducción de trabas regulatorias y la mejora de la eficiencia a lo largo de la cadena. A ello se suman avances técnicos en genética, bioseguridad, sanidad y productividad industrial, áreas en las que se realizaron inversiones relevantes durante 2025. La información fue difundida por el portal Seafood Brasil, que recoge evaluaciones y posicionamientos de la Asociación Brasileña de Piscicultura (PeixeBR), y refleja una visión de mayor madurez del sector para enfrentar el próximo ciclo productivo.
